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MANREI

17 de abril de 2018

¡MAMÁ! QUIERO SER DISEÑADOR GRÁFICO



Semejante sentencia ¿verdad?

Cuando somos niños la influencia principal viene de lo que vemos. Sí, también de lo que escuchamos pero por aquello de que aprendemos modelando a los adultos, es muy fácil darse cuenta de que la influencia profesional que más impactaría a un pequeño siempre van a ser la de maestra, doctor, futbolista, piloto, bombero, no sé, son tantas. Todas aquellas profesiones que un niño vea en su entorno más repetidamente. 


Por lo que escuchar algo como "quiero ser astrofísico" no va a ocurrir mucho.

Pero ¿y cuando pasa?

Déjenme decirles padres (me lo estoy diciendo yo mismo en este instante), que de vez en cuando esto sucede. Y, en la mayoría de las veces, ese pequeño se convertirá en un excelentísimo profesional.

Lo expongo como una afirmación porque estoy convencido de que cuando un profesional resalta poderosamente, muy rara vez lo consigue en una profesión que no le haya enamorado desde la mismísima barriga. Esos "niños grandes" ejercerán su profesión desde la pasión, ese aditivo que los hará diferentes por únicos y especiales.

Y entonces, ¿qué pasaría si entre esas profesiones "extrañas" un niño saliera con la de diseñador gráfico?, ¿raro verdad? Normalmente son de esas carreras universitarias que uno elige ya con cierta edad, no de niño. Pero ¿y si pasara?, ¿qué harías mamá o papá?

¿Sugestionarías al niño a que mirara para otro lado? ¿Lo apoyarías?

Y aquí el motivo de este el primer artículo de mi blog, les diré por qué mi papá, mi mamá, mi tía y mis abuelas me apoyaron a formarme en esta carrera... 

Sabían que yo estaba conectado con mi DON.

Yo dibujo desde los 3 años (según me dicen) y mi mente siempre ha estado un poquito más adelante que mi cuerpo, le gana en todas, por lo que estoy creando cosas imaginariamente todo el día desde que tengo 12 años más o menos. Y ellos, mis familiares, lo sabían.

Y miren que opciones tuve.

Yo fui pelotero, a nivel de atleta categoría doble A en Venezuela. No seguí porque decidí seguir estudiando (aunque no lo niego, me hubiera encantado ser pelotero profesional). Me fui al mundo bancario para formarme como aprendiz de caja y depósito. Aprendí muchísimo, me encantó esa etapa de mi vida.

Luego estudié música. Lo estudié porque tengo oído y razonamiento rítmico desde niño y de algún modo fue reconciliarme con mis raíces musicales (mi abuelo es Freddy León un gran compositor venezolano). Esta época es inolvidable para mí.

Pero siempre faltaba algo.

Darme cuenta de mi don comenzó por ver qué NO me gustaba estudiar, por lo que decidí buscar una carrera que no tuviera mucha matemática (la odio a morir) y buscando me topé con un pensum que hablaba de creatividad, diseño, publicidad, comunicación visual y otras cositas más que me atraparon desde el momento en que lo leí.

Pero la universidad era carísima, no podía costearla yo solo. Así que reuní a mi familia cercana para exponerles mi interés y a que no adivinan, unánimemente me dijeron:

"Te habías tardado mucho. Esa carrera se parece a ti". Era el año 2000, tenía 20 años.


Lo que quiero decir, aparte de hacer que este artículo sea una pequeña presentación de quién soy, es que era demasiado improbable que yo no me conectara con mi don, porque esa es mi esencia y lo que es tu esencia siempre te persigue. Pero mi don era aún más evidente para Lisette, Ricardo, Ondina, Isa y Cristina, mi familia, ellos sabían que en esta carrera me iba a ir bien porque "se parece a ti" decían.

Hoy no sé si soy único y especial, como lo afirmé un poco más arriba en esta lectura. Pero lo que sí sé es que me encanta ser diseñador gráfico y web porque cuando diseño lo hago desde la pasión.

Así que estén pendientes del don (o dones) en sus hijos. Es ahí donde serán felices.


Bienvenidos a #manrei

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